Llamo a las constelaciones terapia, pero no una terapia que arregle esto o lo otro, por mi voluntad, sinó una que me muestra el camino hacia la sanación total de mi mismo. No se puede decir que haya una solución que como constelador aplico al consultante para curarlo; sino que el consultante mismo es el que hace el movimiento hacia su propia fuerza con ayuda de sus ancestros y con ayuda de «algo más grande». Sólo soy, como constelador, un mediador de estas fuerzas, nada más. Porque he hecho un camino hacia la sanación, puedo resonar e inspirar a otros a hacerlo. Y de hecho, yo no hago nada, sino que dejo que las fuerzas de sanación pasen a través de mi.

Tal y como siento que el yoga recompone lo roto, devuelve al camino al extraviado y endereza lo que se ha torcido, así actúan las constelaciones, sin intervención directa, ni pautas ni intenciones.

Cuando me hallo en el «punto cero» o en  la «no intención», es cuando las energías de sanación se manifiestan con más fuerza. Para llegar al punto cero, hay muchas técnicas. Por lo que yo sé, la vida monástica o de anacoreta ayuda mucho a conseguir este punto cero, con una gran disciplina en una práctica espiritual o de contemplación. Si sigo en este camino, escuchando sin ninguna intención por mi parte, me siento visitado por una fusión con el «punto cero» y manifiesto su presencia con una fuerte energía de «no intención».

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