Lo más común es creer yo sostengo a la vida. Me creo que soy el que ha logrado los éxitos y echo la culpa de mis errores a los demás.

En el cuerpo, es como creer que yo sostengo mi cuerpo, por eso tengo tantas contracturas. A medida que voy meditando y me voy dando cuenta de que es el cuerpo el que me sostiene, voy soltando las tensiones y voy dejando que la columna sea la columna y ya deje de luchar para sostener algo que se sostiene solo.

Con la vida es lo mismo, es la vida la que me sostiene, lo quiera o no. La creencia de que yo sostengo a la vida es una ilusión. Es «Algo más grande» el que me sostiene y me provee de todo lo que necesito.

Pero ¿qué pasa cuando la vida me niega el trabajo, el dinero o la familia?

Pues algo he debido sembrar anteriormente que ha crecido y ahora se ha vuelto contra mi.

Cuando siembro amor, recojo amor por todos lados pero cuando siembro maldiciones, es lo que recojo. Nunca es tarde para empezar a re-conocer mis acciones pasadas y sus consecuencias en los otros para sembrar amor en mi mismo, siempre empiezo por mi, porque todo nace y muere en mi; y en los demás, por resonancia. Aunque los resultados no se den de forma inmediata, comienzo a reparar con amor lo que se sembró con falta de amor.

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