El fundador de la filosofía de las constelaciones, Bert Hellinger abogaba por empezar por el cuarto mandamiento: «Honrarás a tu padre y a tu madre» con una honra física, tumbados boca abajo en el suelo con las palmas de las manos hacia arriba diciendo: «Gracias por darme la vida».
La honra es una forma de respeto que me permite la autonomía.
Querer cambiar a los padres siempre termina mal. Entrar en sus juegos, no tiene fin. Lo más saludable es agradecer la vida y hacer cada uno su camino, cuando la vida lo permita.
¿Cómo podría honrar a mis padres si mi padre me abandonó y mi madre me maltrató?
Hay un dicho en oriente que dice: «No hay pecado que critiques que no vayas a cometer». Es decir, que si mis padres hicieron eso, eso es lo que querré hacer yo a los demás. Abandonar y maltratar. El juego con los padres es infinito mientras no haya un profundo respeto hacia ellos. Son personas como todos y si han hecho lo que han hecho, es porque no han podido hacer otra cosa. La dura lección es que yo repita con el mundo o el mundo siga repitiendo conmigo lo que ellos me hicieron y termine por entenderlos por la vía dolorosa.
No soy el juez ni el que condena a mis padres. Honro el proceso en el que están, su realidad y renuncio a cambiarles. Tal y como son. Son personas con su proceso como yo y como tú y no debo intervenir en cómo viven sus vidas. Agradezco la vida que me viene de ellos, pues gracias a su historia y a sus errores, estoy vivo.